Musica Divina
 
los sonidos del alma

 

La aparición de esta magnífica flauta de bambú en el antiguo Japón, se remonta al periodo Edo (1603-1867), siendo usada por los monjes budistas Komusó, en una práctica de meditación llamada Suizen, que quiere decir “Zen soplado”. Así, a través del ejercicio de la respiración, y obteniendo a la vez diversos sonidos, estos monjes podían alcanzar el Satori.(Iluminación)

De ese periodo quedaron registradas en notaciones especiales gran cantidad de piezas para Shakuhachi, las que fueron agrupadas bajo el nombre de Honkyoku, nombre que también se utiliza para designar a las improvisaciones que los intérpretes de Shakuhachi realizan bajo las características de este estilo.

El verdadero nombre del shakuhachi es “I shaku ha sun”( 1 shaku y 8 sun) y proviene de una antigua unidad de medición japonesa. Un shaku corresponde a 30.3 cm y un sun a una décima parte. Aunque este nombre corresponde a una longitud de 54.5 cm , se denomina de igual forma a los instrumentos de diferentes longitudes.

Existen distintos tipos de Shakuhachi, según su construcción: Ji-Ari, con una pasta especial en su interior. Ji-Nashi, sin pasta y de una sola pieza. Hochiku, el bambú lo más natural posible y más ancho en su diámetro interior.

Esta herramienta para la meditación nos ha cautivado no sólo desde sus componentes estéticos, sino desde lo más profundo del Zen y el Arte Minimalista, que se hacen presentes en cada nota Ro, grave y profunda, en cada sonido agudo tan fino como el canto de un colibrí, en cada soplido Muraiki, que representa el viento entre los bambúes. Lo simple, natural y espontaneo nos ha tocado motivándonos al estudio y desarrollo de este hermoso instrumento, en el aquí y ahora, más allá de las fronteras geográficas y culturales.

Francisco López Silva, intérprete y profesor de Shakuhachi

 

 
 

 

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Shakuhachi

EL BAMBÚ DEL VIENTO

Walter Parraguez

Taller Bunka 2007

 

En un comienzo, los seres humanos encontraron sonidos en la naturaleza y en su propia voz. Luego, en objetos rudimentarios, como troncos, conchas, huesos. Así se fue construyendo este arte universal de combinar sonidos y silencios en un determinado tiempo, dando lugar a una secuencia sonora que permite expresar un estado del espíritu.

Al igual que en la mayoría de las artes occidentales, la música de occidente también heredó sus sistemas rítmicos y su organización sonora de los griegos, construida sobre la base de escalas de siete sonidos. La música oriental, en cambio, se construyó a partir de escalas de cinco sonidos, lo que la hace única e inconfundible.

Este sistema tonal ancestral, basado en escalas pentáfonas, fue “reinventado” por compositores europeos de fines del siglo XIX, tales como Debussy, Satie y por jazzistas afroamericanos de los años 1930. Un caso notable en este sentido es el del compositor francés Olivier Messiaen (1908-1989), quien creó una forma llamada construcción por yuxtaposición, que evoca lo realizado por la música oriental.

En Japón, la música y la danza han caminado de la mano revelando una tradición rica en instrumentos de cuerdas, percusión y viento, ligados a las artes de la representación. Por cierto existen muchos instrumentos tradicionales, pero hay uno que evoca como ninguno la presencia de la naturaleza, que con su sonido invita a la reflexión, genera una atmósfera en la cual el tiempo pareciera quedar suspendido y nos hablara directamente al espíritu: el shakuhachi.

SU HISTORIA

Retrocediendo caminos en busca de su origen, surgen diversas teorías. Algunos - como el Dr. Tanabe Hisao - sitúan sus antecesores en antiguo Egipto. Específicamente en un instrumento llamado sabi, que aunque más largo y delgado, tenía una boquilla similar y cuyo uso se extendió a Irán, la India , China, para llegar finalmente a Japón. Otros sostienen que simplemente su origen es chino, y habría tenido como antecedente un instrumento formado por diversas cañas, algo similar a una zampoña andina, que en algún momento se separaron y se transformaron en instrumentos autónomos.

Hay estudiosos del tema que plantean que la historia de esta flauta en Japón se remonta al período Nara (años 645 al 794), cuando fue introducida desde China y adoptada entre los instrumentos empleados en la música cortesana (Gagaku). Sin embargo, este se diferenciaba del que actualmente conocemos por tener un orificio más en su parte delantera. Al producirse una reforma de la música de la corte en el período Heian (año 794 al 1192), este instrumento desapareció y más tarde – en el período Muromachi (año 1392 al 1568) – apareció otra flauta china que dio origen al hitoyogiri, que mide solo 33.3 centímetros .

Sean cuales sean sus antecedentes, lo cierto es que el shakuhachi tiene rasgos únicos, que fueron incorporados en Japón. Es el caso de su boquilla, que es cortada de forma oblicua, exactamente al contrario de la manera china.

Pero es en el período Edo (año 1602 al 1868) en que el shakuhachi cobra verdadera relevancia. Esta flauta de bambú, con cuatro orificios en la parte delantera y uno en la posterior, recibe ese nombre por su extensión de 1.8 pies japoneses ( 54.5 centímetros ): shaku = pies y hachi = ocho.

Según autores como Kishibe Shigeo y William P. Malm, los grandes difusores del shakuhachi fueron los monjes budistas itinerantes conocidos como komuso. Ellos buscaban, mediante la interpretación del instrumento, el control de la respiración y la emisión de un sonido adecuado para purificarse y meditar. Sin embargo no siempre su uso fue solamente para fines espirituales.

Provistos de curiosos sombreros que les cubrían en rostro - verdaderos canastos de mimbre llamados tengai -, algunos de estos monjes que formaron la secta Fuke, se mezclaban con la gente y mientras interpretaban suaves melodías, tenían los oídos abiertos para escuchar qué se murmuraba en las calles, sirviendo de verdaderos espías al servicio del gobierno, entregando información a la policía o a líderes de grupos, que empleaban la información en contra de sus enemigos.

También se señala que el uso de la parte más cercana a la raíz del bambú para construir el instrumento, no obedece únicamente a razones musicales, como lograr un timbre especial en su sonido, sino que mucho tuvo que ver con convertirlo en un arma capaz de provocar severos daños a un eventual rival. William P. Malm sostiene que cuando muchos ex samuráis se transformaron en monjes errantes, se les prohibió el uso de sus espadas, las que cambiaron por shakuhachis, trasformados en temibles garrotes.

Un samurai retirado, Kinko Kurosawa (1710/1771), compuso diversas piezas para shakuhachi y estableció una escuela musical, siempre considerando al shakuhachi como solista. A fines del período Edo, músicos de esta escuela comenzaron a participar en agrupaciones con otros instrumentos, como el koto y el shamisen. Luego surgieron otras escuelas, como la de Nakao Tozan. El hecho de que se empezara a tocar junto al koto - instrumento más tradicional -, favoreció su popularidad entre todas las clases sociales, y ayudó a que no desapareciera cuando, a inicios del período Meiji, la música japonesa fue considerada poco civilizada y sin valor.

Más tarde el shakuhachi recuperó su popularidad y fue usado en movimientos musicales experimentales japoneses de los años treinta del siglo veinte.

 

 

Atrás quedaron los tiempos de los monjes con sombreros de mimbre y oídos atentos a los rumores callejeros. Todavía es posible escuchar a un komuso, pero hoy existen maestros profesionales y discípulos interesados en penetrar en los secretos de este instrumento capaz de producir - en medio de un mundo moderno que vive de prisa - la introversión sobre sí mismo e inducir una búsqueda espiritual, pero sin dejar de lado una gran riqueza musical.

 

SUS CARACTERÍSTICAS

Un cuchillo canta

Y a través de una mata de bambú

Brilla la luna tardía (Basho) (1)

El bambú ha acompañado a los habitantes de Japón desde siempre. Está presente en su poesía, en su arquitectura, en el cepillo utilizado en la ceremonia del té, en celebraciones rituales, en su alimentación y también en la música. Gracias al trabajo de un artesano y la inspiración de un ejecutante, esta noble gramínea - que tras 100 años de vida florece, semilla y muere – es capaz de emitir notables sonidos mediante la vibración de una columna de aire que circula por su interior hueco.

Si bien existen diversos tipos de shakuhachis, tanto por su largo como por su tipo de fabricación, se puede sostener que su longitud estándar es de 54.5 centímetros y sus características principales son el borde oblicuo de su boquilla y cuatro agujeros en su parte delantera y uno en la parte trasera. La línea arqueada del bambú que conforma el instrumento, en su interior tiene un diámetro promedio de 4 a 5 centímetros . La embocadura suele tener una pieza de hueso o marfil (utaguchi).

Se pueden distinguir tres tipos de instrumentos:

 

Jiari o shakuhachi moderno, cuya confección comenzó a fines del siglo XIX. Se le da ese nombre por el uso del ji, que es una pasta con la cual se recubre su interior y se tapan los nudos interiores del bambú, lo que facilita el proceso de afinación del instrumento. Además se aplican capas de uruschi (laca natural), que en algunos casos pueden ser hasta 12, con el propósito de obtener un sonido más brillante. Suelen ser de dos piezas.

 

Jinashi, al que no se le aplica ji y por ello es más liviano y su sonido es más cercano a la vibración que emite el bambú. Por lo general son fabricados de una pieza.

 

Hocchiku, es el shakuhachi natural. En su confección no se utiliza ji ni uruschi y tampoco cuenta con utaguchi.

 

Los agujeros del shakuhachi tradicional producen las notas re, fa, sol, la y re, pero es posible producir muchas otras notas cubriéndolos parcialmente. La variación del ángulo de la boquilla contra el labio permite controlar el cambio de tono, lo que no es posible lograr con otras flautas occidentales que tienen otro tipo de embocadura.

 

Desde el punto de vista de su origen, en la música del shakuhachi es posible distinguir las honkyoku, piezas originales; gaikyoku, piezas traídas desde fuera, y shinkyoku, piezas nuevas. Dentro de la primera clasificación están las piezas básicas compuestas por los fundadores de las escuelas. Existen tres composiciones consideradas clásicas de la música para shakuhachi: Kyorei, Mukaiji y Kokureibo. La información señala que estas piezas fueron traídas de China con los primeros maestros y fueron heredadas a través de la tradición komuso.

 

Al escuchar especialmente piezas honkyoku ,interpretadas por el gran maestro Katsuya Tokoyama (2), un elemento musical que resulta evidente, es su ritmo libre, suelto, impredecible, sin una forma fija. Se pueden distinguir diferentes líneas melódicas que se entrelazan, intervalos que se suceden.

 

El uso casi exagerado de adornos es recurrente. Como por ejemplo una nota de cortísima duración que antecede a una nota principal, recurso empleado después de una nota de valor rítmico largo y con vibrato. Menos común es el uso de trinos y trémolos, que por lo general aparecen hacia el final de las piezas (“Tsuru no sugomori”). Otro efecto melódico que se puede distinguir es el uso de portamentos (desplazamiento de una nota a una nota vecina alterando su frecuencia en forma paulatina) tanto ascendentes como descendentes, por lo general de medio y de un tono, excepto en la pieza “Shikano tone”, en que la distancia es mayor. Pese al uso reiterativo de adornos melódicos, la música no resulta monótona, al parecer por que estos se aplican sobre distintos registros.

 

Pero más allá de consideraciones musicales, para quien simplemente se deje llevar por el sonido de este instrumento introvertido, es posible descubrir que, escuchando sus notas, se genera una atmósfera especial, en la que pareciera que el tiempo se suspendiera y el sonido evocara una integración armónica entre la naturaleza, el ser humano, el cosmos, e invitara a la reflexión. Es como si el bambú recogiera los sonidos del viento que lo meció por años antes de transformarse en un instrumento musical.

Más allá de su origen en Egipto, en China o Corea, el shakuhachi es un ejemplo más de la capacidad de la cultura y del arte japonés de traducir las influencias foráneas y transformarlas en algo propio.

 

Surgido de una caña noble que acompañó desde sus inicios a un pueblo, el shakuhachi es un genuino producto de una cultura que para los occidentales puede parecer extraña, pero cuando se accede a algunos atisbos, abre amablemente nuevas ventanas para avanzar por sus aparentes intrincados laberintos, que a poco de transitarlos muestran más bien su simpleza.

 

Notas

•  Matsuo Basho (1644/1694), poeta japonés considerado el impulsor del haiku como expresión poética.

•  CD Japón, L'art du shakuhachi, Radio France

Bibliografía

  • Japanese music and musical instruments. William P. Malm.
  • The traditional music of Japan . Kishibe Shigeo. Ongaku no tomo Sha edition.
  • El color de la música japonesa. Kamisago Yuko. Nipponia Nº22, 15/09/2007.
  • Sound Japan . Chistopher Yohmei. The japan Foundatio Newsletter, XXVIII/Nº1.
  • Un perfil cultural del koto, shamisen y shakuhachi. Daisuke Kishi. México y la cuenca del Pacífico. Vol. 8, Nº 25, mayo-agosto 2005.
  • Shakuhachi. www.shakuhachi-flute.org.
  • Gran Enciclopedia Rialp, 1991, Ediciones Rialp.
  • Shakuhachi. Horacio Curti. www.shakuhachi.webecindario.com.
  • Algunas definiciones sobre la música. www.caletaweb.com.ar/musica .
  • El origen del arte musical. Marisol Gentile. www.rosiarte.com
  • Historia de la música tradicional japonesa. www.japonartes.escenicas.org
  • Breve historia de Japón. www.monografias.com
  • CD Japan, L'art du shakuhachi. Katsuya Yokoyama. Radio France.
  • Consultas sobre teoría musical a Javier Parraguez, músico, compositor, Director Coro Polifónico de Castro, Chiloé.

Artículo de investigación desarrollado en el "Taller Bunka" realizado en el Instituto Cultural Chileno Japonés durante el año 2007.

 

Shakuhachi
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